lunes, 19 de septiembre de 2011

MEDIR NUESTRAS PALABRAS

Ardua tarea para los que somos de letras puras y no creemos en la evidencia matemática del  “2+2=4”, por creer más en la duda metódica de Descartes, y en la posibilidad engañosa de los sentidos…Sin embargo, como todo hijo de vecino hemos tenido que luchar contra la famosa frase: “Mide tus palabras”…Y es que nuestros progenitores y todos los agentes socializadores implicados en nuestro proceso educativo, se han encargado de hacernos interiorizar esta célebre expresión, que sin embargo en muchas ocasiones, encierra  una dosis considerable de sumisión disfrazada bajo un estrepitoso atuendo, conceptualizado como principio o valor ético, al parecer, íntimamente relacionado con el respeto y la buena educación, sobre todo, hacia los que son más mayores que el que debe medir sus palabras.
La cuestión es, ¿por qué hacer distinciones de edad, rol familiar, nivel socio-cultural, rango o escalón laboral si el que habla lo hace desde el respeto y la educación?, ¿por qué si desde esa premisa respetuosa se plantea un discurso lógico y justo, guste o no guste, se nos exige medir nuestras palabras?...
¿Dónde está la Democracia?, ¿y la libertad de expresión?... ¿Todavía necesitamos más datos para reconocer en la religión uno de los sistemas más anuladores para ejercer el control social sobre las masas?...¿Y todo esto en pleno siglo XXI?...
Yo creo que podemos ser respetuosos, educados, justos y tener plena libertad para demostrarlo, y por supuesto, no tenemos que agradar a todo el mundo, haciendo uso de éstos valores y principios tan democráticos.
Yo creo que podemos incluso demostrar más amor al prójimo, queriéndonos nosotros más, al permitirnos ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión con el respeto, la educación y la justicia como banderas.

sK


                                                                     
                                                           

6 comentarios:

  1. Muy interesante, gracias,

    Lo que sí se me ha venido a la cabeza al leer esta entrada es que me suelo arrepentir más de lo que he dicho en un momento de enfado, que de lo que no he hecho...

    En cualquier caso, estoy de acuerdo; actuemos y hablemos, siempre que sea con respeto.

    Un saludo.

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  2. Muchas gracias por tu comentario jose, desde luego el tema del enfado también se merece otro post, jajaja, ¡a todos nos pasa!... Aunque se puede controlar el enfado, ocurre que somos humanos y creo que las pasiones nos delatan...Un saludo....

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  3. El enfado siempre viene acompañado de un sentimiento anterior. Cuando una persona se enfada con otra o se siente mal por sus palabras, implica que dicha persona te importa algo (mucho o poco, pero hay un mínimo de significado entre ambas personas y su relación).

    Creo que el problema de las palabras reside en ponernos en el lugar de nuestros interlocutores y ser conscientes de lo que ellos interpretan y sienten con lo que expresamos. A veces, tenemos una idea tan predefinida de lo que queremos expresar, de lo que sentimos y de lo que queremos que la otra persona entienda cuando nos lee o cuando hablamos, que hay malentendidos; los cuales tienen la importancia que ambas personas quieran darles. Al igual que se resuelven según el grado de importancia que cada cual le de a la relación que haya entre ambas personas. Si es un amigo que te importa, un familiar, una pareja o una persona de tu vida diaria a la que aprecias, el enfado se solventará. Cuando la otra persona no tiene mucha importancia en tu vida, cabe sopesar la posibilidad de la ignorancia. Es bueno ignorar a quien no aporta nada a una vida, te ahorra conflictos emocionales. Pero no todo el mundo baraja esa posibilidad ni sabe utilizarla: hay personas muy dependientes o inmaduras emocionalmente que necesitan del apoyo de los demás y su aprobación en cada paso que dan en su vida.

    Volviendo un poco al tema del post, que siempre me desvío, opino que es imposible crear el mismo sentimiento en dos personas distintas, aunque si puede ser parecido. Por lo que las mismas palabras pueden ser interpretadas de diferente forma según el contexto y las emociones de cada cual. Y claro está que, incluso desde el respeto y la buena educación de cada individuo, las palabras pueden resultar dolorosas al prójimo.

    Respecto a la Iglesia, decir que es una de las peores instituciones y mas represoras de todos los tiempos y que aun sigue vigente (por desgracia para muchos). Pero cuando aun sigue alimentándose del pensamiento y dinero de sus seguidores, por algo será. Ese tema te da para 20 post, Sofya... Jijijijijijiji!!!

    Un saludo, muy acertadas tus letras. Me gusta mucho leerte.

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  4. Las palabras indican la altitud a la que vuela un espíritu. No calles nunca ante la injusticia y nunca quites una sola palabra de tus sueños, pero aprende a medirlas por el bien de tu oficio y tu literatura.

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  5. Totalmente de acuerdo Juan Jes...Muchas gracias por tu comentario, interesante tu aportación cuando te refieres a las palabras como el indicativo de la altitud a la que vuela el espíritu...
    Un saludo...

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  6. Muchas gracias Marieta, como siempre, por tus lecturas y por tus aportaciones...
    Un abrazo...

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