miércoles, 2 de noviembre de 2011

LA TRAICIÓN Y LA TENTACIÓN

La traición y la tentación nos corresponden de manera casi exclusiva; somos seres humanos y nuestros actos y acciones en ocasiones, esconden tras de sí flaquezas y debilidades bajas (a veces muy bajas), aspectos que cuidadosamente nos enseñan a esconder bajo los tupidos velos de la apariencia nuestros progenitores, maestros y en general todos los agentes socializadores que se implican en nuestro proceso de crecimiento y maduración.
Así pues cuando se supone que estamos hechos o maduros, surgen circunstancias en las que solos y como adultos debemos actuar o responder acordes con éstas enseñanzas conceptualizadas como valores éticos o morales...
Pero ¿porqué en ocasiones nuestras emociones y sentimientos nos llevan a inutilizar estas normas para satisfacer unos deseos que la mayor parte de las veces guardan relación con el amor, la amistad o el sexo?, precisamente algunos de los ejes fundamentales candidatos firmes a dar sentido a una existencia, esos sistemas sin los que el sujeto no puede funcionar, por lo menos no de una manera tan patológica; se me ocurre un famoso dicho popular al hilo del tema: “A perro flaco todo son pulgas”...Y bien...El corazón me dicta que debo buscar la felicidad, ¿porqué somos tan infelices?...¿Las contradicciones entre lo aprendido y lo que deseamos nos llevan a este vacío, estamos tocando a las puertas de la infelicidad porque constantemente nos enfrentamos a la lucha psicológica que esta doble vertiente ocasiona en nuestro sentir?, ¿es ésta la condición para ser humano?...
Se me antoja que al hablar de la traición y la tentación parece lógico introducir el concepto de deseo: “Movimiento de la voluntad hacia la posesión o disfrute de una cosa”… ¡No es tan sencillo!...
Resulta que el deseo ha sido y actualmente sigue siendo objeto de innumerables calificativos o concepciones que lo tachan de pecaminoso, alegando que nos aleja de nuestra paz interior, como por ejemplo promulgan ciertas religiones hinduistas, más en concreto el budismo. Así pues y ya hablando de Occidente, se trata de una emoción peligrosa y debemos aprender a controlarla, pero por otra parte resulta que puede ser incontrolable, rebelde en su manejo, y en el fondo puede que nos guste sentirlo así de salvaje. No es difícil dejarse llevar mejor dicho, arrastrar por sus placeres, por que muchas veces jamás volveremos a sentir lo que en un momento de nuestra vida hallamos logrado cabalgando desbocados por sus estrechas, tortuosas y peligrosas callejuelas...¡Más complicado puede resultar intentar evadirlo!...
De cualquiera de las maneras, la educación y la sociedad en general juegan en contra de él (al menos aparentemente) y en teoría a favor de nosotros (¡pobrecitos!)...Sin embargo y realmente, ¿quién está a salvo de sus embates?, mejor aún ¿quién quiere estarlo?...
El paso del tiempo puede servir de lección… ¿Estamos hablando de la traición a quién, a qué?... ¿Y los sentimientos?...A veces las emociones nos superan y nos llevan a actuar de forma cruel, desalmada y egoísta, y entonces traicionamos...El deseo, el temor, el amor, la atracción o cualquier otro sentimiento o emoción tal vez sucedáneo, nos empujan inevitablemente a sus brazos...
Como traicionado sólo cabe plantearse la traición, sin embargo en el fondo y aunque pese, la vida continua y gira y gira...Y en sus constantes giros resulta que lo más patético es traicionarse a uno mismo...A los propios principios morales, al particular código ético... ¡Eso duele más!...Mucho más...
Lo que en el fondo resulta difícil es ser humano y no traicionar a nadie…¿Sería mejor empezar por no tener nunca la tentación de traicionarse a uno mismo?.

sK


                                                                 


                                                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te apetece puedes expresar tu opinión.