martes, 26 de junio de 2012

Y ESTE CUENTO SE HA ACABADO -Relato-

Callado le decía mucho más… En silencio… Porque junto al silencio a la princesa le resultaba más fácil extraer los mensajes y rara vez se equivocaba en sus extracciones, aunque en ocasiones esto le provocara lágrimas. En silencio con sus lágrimas venía la pena y entonces ella entendía que su solidaridad, su responsabilidad y su tolerancia eran prioritarias en su actividad pública pero no en la privada, al menos no con él… En su palacio estaban rodeados de todo tipo de riquezas materiales, todas las comodidades posibles e inimaginables, todo tipo de enseres cuya utilidad distaba mucho de la felicidad subjetiva. Objetivamente el mundo entero creía que no les faltaba de nada, sin embargo la realidad se ubicaba muy lejos de esa apreciación colectiva, y se situaba en un punto de no retorno desde el cual ella no dejaba de recordar algo que leyó y cuya idea era algo así como que sin apego no hay empatía, era algo así como que la vida íntima trasciende de la propia situación personal y sin la presencia del otro no podemos llegar a ser nosotros mismos, ¡no podía dejar de recordar esta idea porque ni él estaba ni ella sabía quién era!. Claramente si el amor es una expresión de la intimidad entre dos personas siempre y cuando se preserve la integridad de cada uno, esto no era ni podía ser amor, ella pensaba esto además bajo ningún concepto podía ser amor, bajo ninguno.
Esta ficción era mantenida por ambos, continuamente la pintaban, la apuntalaban por aquí y por allá, sin cesar porque cuando conseguían apuntalarla por un lado empezaba a desmoronarse por el otro y así día tras día. La princesa empezaba a ver la belleza de la verdad que no necesita mantenimiento, que es y punto. Ella empezaba a darse cuenta de que el tamaño del pene de su príncipe, el tiempo de resistencia antes de eyacular y el número de orgasmos que alcanzaba no era importante, no más que su conducta antes y después del acto sexual, que era deplorable, egoísta y en no pocas ocasiones hasta cruel. La princesa empezaba a ver que su príncipe le devolvía sus frustraciones en forma de agresión, que la violentaba y se dejaba llevar por sus pulsiones haciéndole mucho daño, causándole mucho dolor. Ella no se sentía una princesa, no se reconocía a sí misma, no encontraba sentido a su vida y no conseguía llenar de una manera fértil el vacío existencial en el que vivía desde hacía mucho, mucho tiempo atrás.
Él creía en Maquiavelo y por eso pensaba que el príncipe  debía ser desleal, mentiroso, cruel, calculador, déspota, vengativo, egoísta y codicioso como lo eran todos los hombres, pero en su caso debía saber disfrazar bien este carácter y tener habilidad para fingir y disimular.
Ella creía en Marco Aurelio y por eso entendía que si no convenía no había que hacerlo y si no era verdad no había que decirlo. Tal vez es cierto que el ser humano es el único animal que se ha extraviado…Tal vez nos hemos dejado seducir muy fácilmente por el famoso “Y fueron felices y comieron perdices” ya que nunca se nos dice cómo se las comen o cómo se las comieron…Tal vez el príncipe le introdujo una perdiz entera en la boca a la princesa, la cual se atragantó, tal vez hasta se ahogó y pereció…Tal vez fue ella la que hizo lo propio, o quizás fueron los dos a la vez.
Y tal vez ahora sí que proceda el famoso “Colorín Colorado este cuento se ha acabado”… Ahora sí que somos conscientes, ahora sí porque nos hemos dado cuenta, ahora sí y no antes.

sK


                                                     





                                  

2 comentarios:

  1. En los cuentos todo es tan bonito siempre y dista tanto de la realidad que a veces aterran...

    No por disfrazarse de príncipes se consigue serlo ya se sabe que las apariencias siempre engañan...

    En este cuento falta que la princesa harta ya del déspota de su príncipe lo abandone con el bardo, que al menos él si le compone canciones, poemas y admira la belleza :-)

    Abrazos.

    Oski

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