martes, 16 de abril de 2013

EL NOVENTA Y SIETE POR CIENTO -Relato-


Había leído que el  97% de las personas mueren en la cama, sin embargo ella llevaba seis años encamada y la susodicha todavía no había elegido sus sábanas para tal menester.
Algunos de los que venían a visitarla habían dejado de hacerlo porque se habían encontrado con ella en su cama o en la de un hospital, otros  seguían visitándola mientras ella podía ver la muerte en sus miradas, pero no esa muerte que coge desprevenido al 97% de la población en la cama, sino ese otro tipo de muerte relacionado con el trance de las emociones y la aniquilación de la ilusión por vivir. Ese tipo de muerte que sucede de vez en cuando, como la otra, y que tiene su belleza, como la otra también, pero que acontece cuando no sabemos usar a su debido tiempo el orden y en su preciso momento el caos, o cuando tampoco sabemos apreciar que si son reales las emociones negativas son buenas, ese tipo de muerte que surge fruto de la ignorancia y de no comprender que la tristeza da profundidad y la felicidad en no pocas ocasiones resulta ser superficial…Y todo esto y mucho más ella podía verlo desde su cama cuando la visitaban esos seres que sólo usaban sus camas para descansar o dormir por las noches y no sabían que en el fondo no hay nada bien ni nada mal, esos seres que ignoraban que etiquetar crea desgracias y que los celos son simples pero complejas comparaciones, por cierto, nadie se comparaba con ella porque estaba enferma en una cama y al parecer nadie le tenía celos. Nadie sabía que ella veía la muerte de prácticamente todos y cada uno de ellos en sus miradas apagadas y tristes, cansadas y que seguían sin ver el objetivo, viviendo unas vidas vacías, creándose unos dioses que en el fondo eran como ellos mismos, latiendo y respirando sin alcanzar la comprensión y la percepción que se logran viajando hacia dentro; Ellos la visitaban y se proyectaban hacia fuera desde la inconsciencia que esto implica, y desde este plano inconsciente uno de sus visitantes le dijo una tarde:
- Tengo miedo… ¿Tu no tienes miedo, siempre aquí encamada, no te sientes  sola en medio de tanto silencio?...
Con una sonrisa ella contestó a su interlocutor:
- ¡Vamos, sólo un imbécil puede no tener miedo!...Todos tenemos miedo, pero sin embargo te diré una cosa, me gusta estar sola porque todo lo falso desaparece y lo real reprimido emerge de una manera natural, en ocasiones hasta me parece sobrenatural.

Había leído que el 97% de las personas mueren en la cama y ella podía ver en el 97% de las miradas de los que la visitaban la muerte, pero ese otro tipo de muerte, ya sabéis a que trance me estoy refiriendo.

sK


                                                        



                                                 


6 comentarios:

  1. ¡Que maravilla de relato Sofya!

    Y que misterioso es que los que mas se jactan de estar vivos, llevan tiendo estando muertos...

    Un abrazo.

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  2. El célebre Eduard Punset habló en una ocasión de una pintada que vio en Nueva York y que se ha atribuido como frase propia que decía: "Hay vida antes de la muerte"... hay tanta gente que lo averigua tarde.

    ¡Excelente texto!.

    p.d. ¿Me lo prestas para una entrada colaborativa y le pongo música?. Ya me dices.
    ;)

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  3. Yo creo que muchas personas mueren en su día a día, matando a su héroe y todo en lo que siempre creyeron, y dejándose llevar sin sentir absolutamente nada.

    El problema es cuando alguien en lugar de vivir se mantiene vivo, sin darse cuenta de que aunque pueda andar es como si se hubiera pasado metido en una caja media vida...

    Un abrazo Sofya.

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  4. Estamos entre muertos y dormidos. Tenemos que despertar de una vez, no nos merecemos estar muertos durante la mayor parte de nuestra vida. ¿Para qué todo eso? Es lo mínimo que nos debemos a nosotros mismos.

    Un abrazo!

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  5. Llevo varios minutos intentando encontrar alguna palabra para aportar, algún pensamiento.

    Sin embargo, la muerte es un tema tan definitivo que no he podido encontrar nada.

    Te dejo, sin embargo, mi gratitud.

    Cuídate.

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  6. La vida, la muerte... Ambas indisolublemente ligadas, pues cuando una nos llega la otra ya se perfila en el horizonte. La relación entre ellas es muy estrecha y, podríamos decir, divergente: cuanto más se afirma la vida, más se silencia la muerte, y viceversa.
    Un texto inteligente y profundo, de los que hacen reflexionar.
    Un placer conocerte, Sofya.
    Recibe un gran abrazo.

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