viernes, 19 de abril de 2013

HERMANAMIENTO ESPECTRAL -Relato-


No sabía si era real o se trataba de un sueño, pero ante mí apareció como surgida de la nada la extraña y tétrica figura de una desmelenada mujer de rostro pálido y dolorido. Por su expresión arriesgaría a decir que incluso la veía capaz de sentir el dolor de los otros, tal vez el mío. Por su textura arriesgaría a decir que no pertenecía a este mundo, no al de los vivos desde luego. Por su mirada arriesgaría a decir que mi asombro se tornó pánico y mi escepticismo se tambaleó como los cimientos de una férrea estructura tras un terremoto de dimensiones extremas e incalculables. Por la velocidad de mis pulsaciones arriesgaría a decir que mi integridad física se estaba viendo seriamente amenazada con lo que cualquier ser viviente llamaría una aparecida.
Una aparecida en mi habitación y en mitad de la noche inquietando mi alma, alterando mi ser y rompiendo todos mis esquemas, uno tras otro; Nunca hubiera podido imaginar una situación igual ni tan siquiera similar o semejante.
Empecé a cavilar…Si mi mente contiene todo lo que pienso, siento o imagino ¿qué es esto?...Ella flotaba suspendida en el aire a una distancia prudente y yo sentada en mi cama la observaba atónita pensando que debía buscar una manera para controlar mi sistema de bombeo, pues mi corazón se salía de la caja torácica y mi mente era como un torbellino que yo trataba de frenar a toda costa mientras mi oscura mirada se clavaba en la suya de ocaso en un intento, tal vez inútil, de ejercer algún tipo de control sobre aquel espectro.
Mirándonos fijamente permanecimos unos instantes, yo sentada intentando aparentar tranquilidad, ella flotando tranquilamente...De repente decidió hacer nuestra distancia más corta y mi corazón acelerado vivió su decisión como una nueva amenaza, para mi esta distancia era ya imprudente e instintivamente alargué el brazo derecho y nuevamente simulando tranquilidad le dije: “No por favor, no te acerques más”… Ella respetó mi petición sin dejar de clavar su mirada de ocaso en mi oscura mirada, me respetó en silencio, flotando y mirándome. Por mi parte un nuevo intento de relajar mi pulso me llevó a la idea de observar bien aquel ser que tenía ante mí, en silencio, como ella estaba…Callada, mirándola…Calladas ambas, mirándonos…Un largo vestido oscuro oscilaba con ella, oscuro y largo como su cabello, su rostro tremendamente blanco, triste y constreñido me sugirió la indeterminación predeterminada de un destino único y fatal…Nuestras miradas seguían sumidas en ese encuentro fortuito o tal vez determinado cuando ella alargó sendos brazos y abrió sus manos buscando las mías…A mi mente se le resbaló un pensamiento antiguo: “¡A los fantasmas no se les puede tocar!”…A mi boca se le escapó una sonrisa ante el resbalón de aquel pensamiento viejo y así pude ver por primera vez una sonrisa morada en sus labios. Pensé que no debía tener miedo pues su amarga y triste sonrisa me reconfortó extrañamente, tal vez sonrió porque sabía lo que yo había pensado, tal vez simplemente creyó que había empatizado con ella, tal vez empatizé porque para mi asombro lo hice… Lo hice creyendo que iba a coger humo pero cogí y toqué unas frías e inertes manos cuyo helor recorrió mi cuerpo entero como un escalofrío rápido y fulgurante…Cerré mis ojos mientras ese gélido escalofrío me recorría y al abrirlos ella había desaparecido.
No sé si es real o es un sueño, pero mi habitación está más fría que el resto de la casa desde entonces.

sK


                                                         


                                           


martes, 16 de abril de 2013

EL NOVENTA Y SIETE POR CIENTO -Relato-


Había leído que el  97% de las personas mueren en la cama, sin embargo ella llevaba seis años encamada y la susodicha todavía no había elegido sus sábanas para tal menester.
Algunos de los que venían a visitarla habían dejado de hacerlo porque se habían encontrado con ella en su cama o en la de un hospital, otros  seguían visitándola mientras ella podía ver la muerte en sus miradas, pero no esa muerte que coge desprevenido al 97% de la población en la cama, sino ese otro tipo de muerte relacionado con el trance de las emociones y la aniquilación de la ilusión por vivir. Ese tipo de muerte que sucede de vez en cuando, como la otra, y que tiene su belleza, como la otra también, pero que acontece cuando no sabemos usar a su debido tiempo el orden y en su preciso momento el caos, o cuando tampoco sabemos apreciar que si son reales las emociones negativas son buenas, ese tipo de muerte que surge fruto de la ignorancia y de no comprender que la tristeza da profundidad y la felicidad en no pocas ocasiones resulta ser superficial…Y todo esto y mucho más ella podía verlo desde su cama cuando la visitaban esos seres que sólo usaban sus camas para descansar o dormir por las noches y no sabían que en el fondo no hay nada bien ni nada mal, esos seres que ignoraban que etiquetar crea desgracias y que los celos son simples pero complejas comparaciones, por cierto, nadie se comparaba con ella porque estaba enferma en una cama y al parecer nadie le tenía celos. Nadie sabía que ella veía la muerte de prácticamente todos y cada uno de ellos en sus miradas apagadas y tristes, cansadas y que seguían sin ver el objetivo, viviendo unas vidas vacías, creándose unos dioses que en el fondo eran como ellos mismos, latiendo y respirando sin alcanzar la comprensión y la percepción que se logran viajando hacia dentro; Ellos la visitaban y se proyectaban hacia fuera desde la inconsciencia que esto implica, y desde este plano inconsciente uno de sus visitantes le dijo una tarde:
- Tengo miedo… ¿Tu no tienes miedo, siempre aquí encamada, no te sientes  sola en medio de tanto silencio?...
Con una sonrisa ella contestó a su interlocutor:
- ¡Vamos, sólo un imbécil puede no tener miedo!...Todos tenemos miedo, pero sin embargo te diré una cosa, me gusta estar sola porque todo lo falso desaparece y lo real reprimido emerge de una manera natural, en ocasiones hasta me parece sobrenatural.

Había leído que el 97% de las personas mueren en la cama y ella podía ver en el 97% de las miradas de los que la visitaban la muerte, pero ese otro tipo de muerte, ya sabéis a que trance me estoy refiriendo.

sK


                                                        



                                                 


domingo, 7 de abril de 2013

ARENAS MOVEDIZAS


Entre sueños clandestinos y realidades paralelas llega la tranquilidad del trabajo bien hecho. Y es que no podemos dejar de soñar ni tampoco podemos dejar de crearnos otras realidades, ¡maldita sea la gracia entonces!... Nuestras mentes están más que capacitadas para ello y por eso no debemos desaprovechar éstas potencialidades que pueden llevarnos además, a un estado lejano a esa cordura habitual y recomendable para usar en la vida, aburrida y previsible, programada y calculada en demasiadas ocasiones.

Deberíamos hundirnos en esa clandestinididad onírica y en esos paralelismos existenciales como en arenas movedizas, y en esa dinámica, sentir que cuanto más intentásemos salir más nos hundiríamos, y desde ahí, intentar conservar nuestro ser moral negándonos a ser objetos, porque desde luego, en la vida nos cuesta mucho este menester, por cierto un imprescindible para nuestro bienestar emocional.

Y en esta extraña relación que mantenemos con nosotros mismos cual una posesión amorosa necesitada de un exorcismo, seguimos expulsando nuestros demonios y no sé porqué, pero en ocasiones no es suficiente este desahogo, pues en el fondo parece acarrearnos algún tipo de vacío que se nos escapa a la sinrazón rutinaria, y es entonces cuando decidimos desconectar de nosotros mismos…Es entonces cuando erramos de nuevo.
Desde ese punto en el que nos resulta más fácil y cómodo oír el ruido externo, dejamos de escuchar nuestro latir y contaminados por lo de afuera nos dejamos arrastrar dejando de lado lo de adentro, nuestro interior, nuestro particular cosmos, nuestro ser. Desde ese punto en el que nos resulta más fácil y cómodo huir, porque quedarnos con nosotros mismos implicaría la posibilidad o la probabilidad de algún cambio, tal vez importante y profundo en nuestras vidas, desde ahí, intentando manejarnos con un miedo arrasador que para variar no nos llevará a ninguna parte…Desde ese punto de encuentro en el que tantas personas se sitúan, ondeando banderas de un miedo aniquilador, huyendo a diario desde que se levantan y hasta que el sol se esconde de sí mismas, contaminadas por el ruido externo haciendo oídos sordos a su interior, errando de nuevo y constantemente…Pensando que el trabajo bien hecho  y la tranquilidad les llega de la mano de los sueños clandestinos y las realidades paralelas, desde ese punto es imposible conservar el ser moral y no convertirse en un objeto.
Deberíamos probar a mantener una relación de amor completo con nosotros mismos: pasión, amistad y ternura, es posible y la condición sine qua non.

sK