lunes, 24 de febrero de 2014

NUESTRA BRÚJULA EMOCIONAL

En ocasiones necesitamos andar perdidos porque la cordura y el exceso de madurez también matan. Esa sensación de pérdida del rumbo puede inquietarnos en demasía, sin embargo es un buen momento para hacer uso de nuestra brújula emocional y saber qué es lo que realmente necesitamos para continuar, no para ser felices toda la eternidad, pues no podemos buscar eso, pero sí para poder serlo un poco más y mejorar así la calidad de nuestra existencia.

Yo siempre creo que estos momentos en los que nos sentimos perdidos son sin lugar a dudas oportunidades de cambio, son crisis y por supuesto se pueden convertir en trances de mejora, pues las crisis también pueden implicar adelantos y avances en nuestras vidas como cambios que son.

La cuestión es que cuando estamos en este punto, debemos plantearnos la importancia y la trascendencia que lo que hagamos puede tener, ya que las decisiones marcan destino y no todo puede ser ni es libre albedrío. En cierto modo, estos momentos son probablemente algunas de esas ocasiones en las que vamos a poder sentirnos como los dueños de nuestras vidas, y pienso que esta sensación, exenta de la impotencia que nos ocasionan muchas veces nuestras propias circunstancias, es algo que debemos disfrutar.

Sin embargo tampoco es conveniente machacarnos ni machacar nuestras emociones, en estas circunstancias es importante fluir un poco y dejarnos llevar por la corriente, escucharnos a nosotros mismos y sentir la brisa en nuestro rostro. La serenidad y la tranquilidad son buenas consejeras en estas crisis existenciales, en las que nuestro sentir anda revuelto y nuestros sueños cambiantes.

Yo creo que todos tenemos brújulas emocionales aptas para ajustarse a nuestras circunstancias, supongo que es recomendable calibrarlas periódicamente para evitar errores mayores, sin embargo también creo que debemos entender el famoso “yo soy yo y mis circunstancias” para que nuestros cambios y ajustes respondan realmente a nuestras necesidades reales y no a meros caprichos pasajeros.


sK


                                                              

5 comentarios:

  1. Como es costumbre: las palabras exactas en el momento preciso.

    Habrá que ir calibrando la brújula de vez ern cuando y no preocuparse más de lo que ya de por sí nos preocupa todo, al final entramos en un bucle infinito y damos vueltas y vueltas. A lo mejor hay que tener menos miedo de perder el norte (¿acaso existe uno?) y ver por dónde fluyen las cosas.

    Abrazos y salud.

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  2. Yo me castigo mucho en las crisis existenciales… me llevo a un barrido completo, hasta la angustia, el escalofrío, la falta de aire… A estas alturas es algo que ya conozco, y acepto que es parte de la vida consciente –sobre todo, de mi vida-, y es algo con lo que hay que convivir mientras uno está vivo y piensa (perdón por la redundancia).

    Cuando me pasa, mis "por qués" no tienen límite… la cabeza me hierve y mi propia noción se funde en el vacío que enfrenta. Los sentimientos se diluyen y desaparece la carga emocional de las palabras, y, finalmente, incluso de todo aquello a lo que quiero… de ahí la angustia. Supongo que el proceso es, primero, estar en una posición que no te gusta y por eso empiezas a buscar respuestas que te agraden (un tema interesante sería preguntarnos por qué, justo en ese momento, te da por cuestionarlo todo); segundo, como las respuestas no te agradan (la vida es indiferente a lo que te pase y estamos perdidos en esa indiferencia infinita, nos rodea el egoísmo de los demás y el bien vale igual que el mal porque se pierde: siempre se empieza de cero), buscas el lugar donde quieres amarrarte: las personas a las que quieres… pero, como estás tocado por las anteriores fases de ese proceso, ni siquiera eres capaz de encontrar un lugar agradable.

    Pensar es un arma… y el momento existencial lo disparas contra ti.

    Entiendo que todo parte de esa pregunta a la que nadie puede responder, ni siquiera los creyentes: ¿por qué hay algo en lugar de nada? A partir de ahí, el absoluto es imposible. Todo depende del lugar del observador… y es desazonador comprender que todo se pierde… que todo vuelve al cero, sin recordar lo anterior. Algo tan esencial como construir el bien y el mal también depende del momento en que vivas y de la posición que ocupes en esa realidad.

    En ese sentido, solo nos queda construir un “absoluto” para tu espacio vital. Yo sufro por no saber, por no encontrar respuesta o porque no me gusta nada la respuesta… pero no puedo obviar que las personas que hay a mi alrededor están en la misma encrucijada.

    Tampoco quiero obviar que hay grupos sociales que viven de estos dramas. Personalmente, detesto la actitud de la religión que se estableció en este momento y lugar, el cristianismo. Y recuerdo a su máximo cargo meter miedo, precisamente, con el relativismo, para, desde ahí, pedir que se encomienden a él y su institución.

    En mi vida, me quedo con la gente que se acerca a mí… ese es mi “absoluto”… y, en general, me quedo con el pensamiento de que, si estoy aquí, es porque otros y otras, desde los primeros homínidos hasta los revolucionarios, pasando por cualquier obra que cualquiera ha dejado por altruismo, dieron su vida porque nosotros estemos aquí ahora y otros y otras estén en el futuro.

    Es uno de mis temas preferidos... para bien o para mal, es la batalla de siempre.

    Un besote, Sofya!

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  3. Pienso que es muy importante que en la batalla conozcas tu lucha y lo que ésta te acarrea, es un síntoma de madurez y de aprendizaje que puede resultar muy útil si sabes cómo gestionarlo.

    Un beso Andoni

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  4. Te leo y me viene al recuerdo la voz interior de la que hablaba Hermann Hesse en Siddhartha.

    A veces es difícil encontrar ese equilibrio, el equilibrio entre el dejarnos llevar y el mantenerse firmes en lo que para un@ es irrenunciable.

    Pero si nos fijamos en el acto mismo de caminar veremos que el cuerpo humano camina gracias a un continuo desequilibrarse y volverse a equilibrar. Y así paso tras paso.

    Sugerente post hiciste, Sofya :-)

    Un abrazo.

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