miércoles, 2 de abril de 2014

EL ASCENSOR -Relato-

Nunca le gustaron los ascensores, le parecían prácticos y un gran invento, sin embargo, en su mente siempre rondaba la idea de que en su avanzado mecanismo inventado por el hombre, cabían grandes errores que podían ser graves, como ocurría con los aviones o con los barcos. Esta idea se agudizaba cuánto más alto debía subir, y entonces, este pensamiento se dedicaba a subir y a bajar con ella mientras hacía su trayecto en el ascensor, en este caso en uno de un organismo público y en concreto, hasta la planta veintidós. Para su alivio el ascensor era bastante amplio y solamente subieron cuatro personas. Se introdujeron en el artefacto  volador y cada uno pulsó el botón de su planta destino. Ella era la última, lo cual significaba que un trayecto lo haría sola y además por las alturas. Esto tampoco le agradaba. Se dieron los buenos días y el primer destino era la planta dieciséis donde bajaría una mujer de mediana edad, el siguiente sería la planta veinte donde bajarían los otros dos chicos y definitivamente bajaría ella en la número veintidós. El ascensor comenzó su ascenso, los cuatro guardaban silencio, la mujer de mediana edad se retocaba el cabello en el gran espejo que era la pared del fondo del aparato; Cuando estaban llegando al piso número quince el ascensor dio una sacudida y se paró en seco. Los cuatro se miraron extrañados y la mujer de mediana edad comenzó a dar golpes en la puerta.

-   ¡Bueno, tal vez será mejor que toquemos el botón de alarma!- dijo uno de los chicos-
-      ¡Si si mejor! -Añadió ella asustada-

Y así lo hicieron. Desde fuera oyeron voces que llamaban a la calma:

-   ¡Tranquilos estamos en ello, no os preocupéis! ¡os rescataremos en breve!

Uno de los chicos se sentó en el suelo apoyando su espalda contra la pared:

                     -       Yo me siento por si acaso.
-      ¿Por si acaso qué? - Añadió el otro joven-
-      ¡Por si caemos! -Y empezó a reírse-
-      No me hace gracia -Añadió ella asustada-
-      ¡A mí tampoco! –Añadió la mujer de mediana edad-

El otro joven también reía y el gracioso añadió:

-       Me llamo Lucas y pido disculpas por lo que acabo de decir.
-     Me llamo Carmen y acepto las disculpas – La mujer de mediana edad también sonrió-
-    Yo soy Aurora y aunque acepto las disculpas he de decir que tengo pánico a los ascensores.
-       Bueno, yo soy Marcos –Dijo el otro chico que reía la broma de Lucas-

De repente Aurora y Marcos a la vez se sentaron en el suelo y Carmen también se animó. Se dispusieron dos frente a dos dejando libre la pared del espejo y las puertas del ascensor…

-     Bueno, tal vez tarden un rato en sacarnos –Aurora se encontraba un poco agobiada-
-   Tranquila, aquí no hay problema, no caeremos, no te preocupes… -Dijo Lucas-

Aurora le miró entre confiada y expectante, de repente Carmen rompió a llorar…Aurora la miró y se interesó por ella:

-       Carmen ¿qué ocurre?
-  No se nos debería permitir hablar sobre la vida privada de los demás...-Carmen lloraba desconsoladamente-

Aurora la miraba sin saber qué decir, y Lucas y Marcos se miraban asombrados, el último se decidió a decir algo:

-     ¡Tienes toda la razón, de hecho, yo no lo hago nunca!

Carmen miró a Marcos y añadió:

-      Ahora mi hijo  me desprecia.

Aurora y Lucas seguían en silencio, Marcos continuó:

-      Carmen, yo soy una persona triste y nací pesimista, sin embargo creo que con el tiempo las cosas se aclaran, o por lo menos cambian de forma.

De repente Lucas arriesgó y mirando al techo se pronunció:

-  Las religiones han corrompido las mentes porque no enseñan a entender sino a juzgar, ¡joder la conciencia necesita de un estado de no juicio!

Marcos asintió y añadió algo más:

-     Además el hombre moderno está tan insatisfecho que necesita hablar naderías, aunque también necesita de la imaginación para sobrevivir.
-   Tenéis razón los dos, nuestra cultura siempre emitiendo juicios de valor –Carmen se sintió más aliviada-
-      No te preocupes Carmen, sea lo que sea al final siempre se hace un hueco a la verdad –Aurora también se animó a intervenir-

En ese preciso instante el ascensor dio una sacudida más violenta, Carmen y Aurora gritaron, los chicos reflejaban en sus rostros un temor imposible de disimular, desde fuera oyeron voces:

-     ¿Estáis bien?

Ellos contestaron a viva voz:

-      ¡!
-      ¡Por favor sacadnos de aquí!

Aurora estaba llorando cuando una nueva sacudida dejó el ascensor inclinado, como suspendido en el aire, desde fuera oían más voces que hablaban entre ellas:

-      ¡No sé qué hacer, se está descolgando!
-      ¡Esto no puede estar ocurriendo!

Lucas gritó:

-      ¡Maldita sea, os estamos oyendo!

De los ojos de Lucas caían lágrimas. Carmen y Marcos permanecían muy quietos y callados. Aurora lloraba cada vez más:

-    Lo sabía, ¡nunca me gustaron los ascensores, otro puto invento del hombre!
-      Tranquila – Añadió Marcos-
-     Marcos, ¡nos caemos!... ¿Cómo voy a estar tranquila?...Carmen tiene que arreglar algo con su hijo, yo con mi hermana, seguro que tú y Lucas tenéis algo pendiente con alguien ¿verdad?, ¡son quince pisos de altura!

Lucas llorando añadió:

-      Yo quisiera reconciliarme con mi pareja, rompimos hace dos meses y me he dado cuenta de que la amo.

En otra nueva sacudida el ascensor quedó totalmente en volandas, esta vez el final era ya más que evidente, los cuatro lloraban y pedían auxilio, en cuestión de segundos, el ascensor se descolgó y comenzó una caída libre en la que sus ocupantes fueron dando bandazos de un lado a otro, golpeándose bruscamente mientras caían de una manera desordenada y descontrolada. El trayecto final fue mortal para Carmen, para Lucas y para Aurora, la chica que tenía tanto miedo a los ascensores. Marcos herido con diversos traumatismos sobrevivió al duro trance. Durante su estancia en el hospital le visitó un gran amigo de la infancia:

- ¡Es increíble, sólo has sobrevivido tú Marcos!, ¡te han dado otra oportunidad!
-   ¿Sabes algo?
-     No, tú dirás…
-  Mis compañeros en este viaje fatal tenían pendiente reconciliarse con alguien, Carmen con su hijo, Aurora con su hermana y Lucas con su ex novia.
-      Vaya…Eso sí que es triste.

Tras un breve silencio su amigo reaccionó y le preguntó:

-      ¿Y tú, tenías alguna reconciliación pendiente?

Marcos le miró y pensativo le respondió:

-      Sí, tengo que reconciliarme conmigo mismo.

Ambos se miraron en un nuevo silencio, tal vez revelador, y su amigo rompió esa quietud con un sabio consejo:

-      Marcos, no deberías desaprovechar esta nueva oportunidad.

Marcos le miró y permaneció en silencio, y así estuvo un buen rato, su amigo le dejó solo y se fue, no le vino nada mal, tenía que reconciliarse consigo mismo y tenía que empezar ese duro trabajo ya.

sK


                                                      

                                                   




                                                        



7 comentarios:

  1. Sofya, genial. Todo el rato he estado pensando, por favor que lo arreglen, que no acabe mal! Pero supongo que tiene que acabar así, porque así es la realidad, a veces sale bien pero otras muchas no, y leer esto es lo que de verdad puede hacernos reflexionar. La moraleja es esencial y se clava y se recuerda por lo duro del relato y su final. Me gusta como has creado la tensión y has desarrollado los diálogos, veía en mi mente perfectamente la situación y los personajes. Consigues hacer pensar y dejar poso, siempre te lo digo, tus historias no son de las que se olvidan después de leerlas, son de las que enseñan y perduran.
    Un abrazo grande.
    (No sé si te he mandado dos comentarios, el primero se me ha borrado creo).

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  2. Muy buen texto Es como si hubiera estado alli
    Y te cuento los ascensores no me gustan solo el de mi casa
    Besos mil

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  3. Un relato muy bueno y entretenido hasta el final, el que resultó muy sorprendente porque el personaje tenía que reconciliarse con alguien que estaba junto al mismo dentro del ascensor a diferencia de las otras gentes, o sea "el mismo" . ¡Me gustó mucho Sofya!

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  4. Reconciolarse con uno mismo es el primer y gran paso para llegar a reconcilianos con lo demás...
    Buen relato Sofya.

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  5. Siempre esperamos a hacer las cosas cuando ya es demasiado tarde, ahora que tiene una nueva oportunidad espero que no la desaproveche. Mantuviste la tensión todo el relato, bien llevado.

    ¡Abrazos!

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  6. Es paradójico que su experiencia "más vital" fuese aquella que resultó mortal para otros y casi también para él. no solemos tener señales tan claras en la vida, mejor que lo aproveche.

    Un abrazo!

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  7. Muy bueno, cómo mantienes la tensión y el incierto desenlace (yo era optimista :D). Y como siempre, una profunda reflexión de fondo... también creo que, sin reconciliarnos con nosotros mismos, no podemos entendernos con nadie. Y que, la mayoría de las veces, para reaccionar, nos tiene que llevar otra cosa hasta un punto insoportable. Maldita inercia... Un abrazo, Sofya!

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